Miedo a los espacios abiertos

La agorafobia es el temor a los espacios abiertos y, por extensión, a otros
espacios de los que puede resultar difícil o embarazoso escapar: grandes
almacenes, ascensores, puentes, silla del dentista o del peluquero, etc. En un
gran número de casos este temor está relacionado con el sufrimiento pasado o
presente de crisis de ansiedad.
El caso de Pepa: “No puedo ir sola. ¡Me
desmayaré!”
Pepa comenzó a tener crisis de pánico cuando tenía 22 años. Sus crisis
solían comenzar con cierta opresión en el pecho que luego daba lugar a una
sensación de vértigo creciente. Todo le daba vueltas y su gran miedo era llegar
a desmayarse y golpearse la cabeza al caer, muriendo desangrada. Conforme se
hicieron más frecuentes la crisis, notó que parecía que había lugares en los
que era más fácil que le diera la crisis. Sus lugares temidos eran aquellos donde
había grandes aglomeraciones de gente, como ocurría en los grandes almacenes y
en el supermercado. Al principio, comenzó evitando las horas punta, pues de ese
modo se sentía más tranquila y parecía prevenir la aparición de nuevas crisis.
Posteriormente tuvo que convencer a su marido para que se las arreglara solo
con la compra, pues ella se veía incapaz de acudir al supermercado (sola o
acompañada). Pepa perdió la oportunidad de consolidar su plaza como profesora
debido a que no pudo ir a realizar un curso que necesitaba por el mero hecho de
impartirse en una ciudad cercana y tener que desplazarse sola en autobús.
¿Qué es la agorafobia?
A veces, cuando una persona desarrolla un trastorno de pánico por la
experiencia repetida de crisis de ansiedad, ocurre que tiende a tener las
crisis con más frecuencia en determinados lugares (supermercados, cines,
aglomeraciones de gente, etc.). En esos casos es fácil que asociemos esos
sitios con el hecho de tener una crisis de ansiedad —algo parecido al enchufe y
el grito—, entonces puede ocurrir que “solucionemos” el miedo a tener una
crisis de ansiedad evitando los lugares en los que pensamos
que es más fácil que nos den las crisis. Dicha evitación nos puede llevar a
problemas diversos y en tal caso habríamos desarrollado un trastorno fóbico que
se llama agorafobia.
La persona con agorafobia puede evitar muchas y variadas situaciones, desde
las ya mencionadas (aglomeraciones de gente) hasta otras menos evidentes según
el significado literal del término como: pasar por puentes, viajar en avión,
utilizar ascensores, etc. En realidad, para el agorafóbico que ha tenido o
tiene crisis de pánico, cualquier situación en la que pueda ser difícil escapar
o conseguir ayuda si tiene una crisis se vuelve potencialmente peligrosa ante
sus ojos.
No siempre la agorafobia está relacionada con el trastorno de pánico. En un
número menor de casos, las situaciones descritas se evitan por miedo a otros
elementos que nada tienen que ver con las crisis de pánico. Yo he tratado menos
pacientes de este tipo, pero ahora recuerdo un joven que había tenido una
experiencia muy desagradable viajando en autobús. Había bebido mucha agua antes
de iniciar el viaje y cuando aún faltaba una hora para llegar al destino,
comenzó a sentir cierta urgencia urinaria. El autobús no disponía de aseo y eso
resultaba aún más agobiante para el joven viajero. A medida que aumentaba la
opresión en su vejiga, por su mente pasaba de todo: solicitar al conductor que
parase y orinar en la carretera (lo que le producía una gran vergüenza),
aguantar como pudiera hasta el destino, e incluso ¡orinarse encima!. Finalmente
llegó a su destino, pero con un gran dolor que luego le impidió orinar
normalmente hasta pasadas unas horas. A partir de ese incidente comenzó a
evitar beber agua antes de los viajes, evitaba los autobuses que no llevasen
aseo, evitaba beber agua antes de entrar al cine y cada vez que se ponía
nervioso tenía sensaciones de necesitar orinar (aunque luego eran falsas
alarmas).
La clave del trastorno
La agorafobia se mantiene principalmente por evitar los
lugares temidos. Es importante subrayar que las crisis de ansiedad no
se producen por ir a esos lugares. Lo que ocurre es que en esos
lugares se dan las circunstancias propicias para que se produzcan los síntomas
que disparan la crisis. Síntomas que, por otro lado, son completamente
inofensivos. A partir de ellos, comienza la interpretación catastrófica de las
sensaciones corporales, pero ahí comienza otro problema: el trastorno de
pánico.
El hecho de evitar esas situaciones hace que el agorafóbico se vaya
recluyendo más y más en un falso círculo de seguridad ,
llegando a quedarse aislado en casa (a veces por más de 20 años, como le había
ocurrido a un paciente de nuestra clínica).
Aclarando algunas ideas
La agorafobia suele ser una evolución del trastorno de pánico. Por otro lado, la necesidad
de evitar determinadas situaciones es la esencia de la agorafobia, pero también
puede sentirse en otros trastornos psicológicos como, por ejemplo, el trastorno fóbico, el trastorno obsesivo- compulsivo y el estrés postraumático.
http://www.psicologosmontevideo.com/lic-psic-gonzalo-cosenza
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